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22
Jul

EL CLORPIRIFÓS, OTRO TERRIBLE PESTICIDA AUTORIZADO EN ESPAÑA

Me sorprende que ni yo, que tengo un nivel medio de conocimientos sobre sustancias tóxicas peligrosas que los humanos hemos puesto en circulación, hubiera oído hablar nunca de ésta: el Clorpirifós.

Gracias al artículo Neurotoxinas en el brócoli de tu hijo: esto es la vida con Trump (traducción literal del inglés), publicado en el periódico británico The Guardian, he descubierto varias cosas que me han impactado sobre esta sustancia. Buceando un poquito más en la red, se me han vuelto a poner los pelos de punta al constatar, una vez más, cómo se gestiona el uso de sustancias agrotóxicas que nos venden como fitosanitarias en el estado español y el espeluznante lavado de imagen mediático de los responsables del ecocidio tóxico que se viene produciendo desde la década de los 60 en todo el planeta.Te invito a que me acompañes en este desenmarañar de madeja muy superficial que ejemplifica muy bien nuestra sociedad neocapitalista donde el dinero está muy por encima de todo lo demás, incluyendo la Vida.

El llamado Clorpirifós (en inglés, Chlorpyrifos) es un pesticida neurotóxico que la corporación Dow Chemicals comenzó a comercializar en 1965. Merece la pena meterte en su página web en donde la «nueva Dow» se vende como una industria científica preocupada por la sostenibilidad y el futuro. En su apartado de historia no viene incluido el ser responsable del desastre de Bhopal  ocurrido en 1984 en el que un escape de gas de una fábrica de pesticidas (entonces a nombre de Union Carbide) mató directamente a más de 20.000 personas, dejó secuelas en más de medio millón y, para colmo, la fábrica sigue envenenando impunemente hoy en día el agua que beben los habitantes de esa ciudad de la India. Y cuando su página web habla de alimentación y pone una bonita foto de una niña, se olvida de comentar el detalle de que está científicamente probado que su producto estrella, el Clorpirifós, contiene una toxina que causa graves daños en el desarrollo neuronal de los niños. Su conocida toxicidad hizo que se prohibiera su uso en las viviendas hace dos décadas pero, sin embargo, no hay problema en que se utilice masivamente para envenenar frutas (como la manzana y las fresas) y otros productos (como el maíz, el girasol y el algodón). No hay problema incluso cuando se han encontrado restos del pesticida una vez lavada y pelada la fruta demostrándose que el veneno se mantiene en el alimento. Así pues, el último intento de prohibirlo totalmente en Estados Unidos fue tumbado por Donald Trump. Obviamente, esta corporación maneja tanto dinero que compra tranquilamente a funcionarios y políticos. Fue muy sencillo conseguir que la Agencia de Protección de Medio Ambiente (EPA) de Estados Unidos permitiera seguir utilizándolo de forma extensiva en agricultura pese a todas las evidencias de ser extremadamente peligroso. Bastó con hacer una donación de un millón de dólares a Trump para su campaña electoral.

Una vez leído el artículo, me he planteado qué ocurre en España. En principio, los europeos presuponemos que la Unión Europea es el lugar de todo el planeta dónde más control hay de las sustancias químicas que hay en circulación. De entrada – ¡qué ingenua! – he pensado que este pesticida estaría, lógicamente, prohibido en mi país. Pues no. No sólo no está prohibido sino que en las instrucciones y recomendaciones para su uso que hace el Ministerio de Agricultura en su Registro de productos fitosanitarios también se obvia y ningunea mucha información sobre su peligrosidad (ver registro nº 23480). En este loco mundo de contradicciones asimiladas, el documento explica que se ha de aplicar durante la siembra pero que, al mismo tiempo, se debe de evitar su liberación al medio ambiente. ¿Un campo sembrado no es medio ambiente? También reconoce que es muy tóxico para los organismos acuáticos y tiene efectos duraderos. El hecho de que el cuerpo humano se compone en un 65-75 % de agua parece no ser relevante a la hora de definir «organismo acuático». El remate es la frase final del documento en que especifica que en el etiquetado del envase que lo contenga debe figurar: «A FIN DE EVITAR RIESGOS PARA LAS PERSONAS Y EL MEDIO AMBIENTE, SIGA LAS INSTRUCCIONES DE USO». Osea, que supuestamente este veneno deja de ser peligroso porque te pones guantes y mascarilla y lo entierras a 5 cm de la superficie (así se supone además que las aves y mamíferos no corren peligro). Y tanto en este documento como en la Ficha técnica del Clorifos 5G (nombre con que se comercializa en España) del Agrovademecum se dice que no hay plazo de seguridad para proteger al consumidor pero tampoco especifica ningún plazo de seguridad para el agricultor cuando la misma EPA en 2016 confirmó que no hay un uso seguro del clorpirifós. Yo vivo en el campo. ¿Y si resulta que mis vecinos están echando este pesticida al igual que echan el famoso glifosato sin ningún reparo? Me asalta la pregunta que viene detrás: ¿Quién ha otorgado a los agricultores el derecho a poder envenenar el campo en nombre de una supuesta mejor producción de alimentos? Por que yo, y miles de personas más, desde luego que no se lo hemos dado.

Para terminar, aconsejo leer un artículo muy interesante publicado por EarthJustice sobre esta sustancia pues da mucha información relevante.

La cuestión de fondo es que a los ciudadanos nos toca accionarnos para conseguir que se prohíban todas estas sustancias tan dañinas que nos están envenenando poco a poco, día a día. Te propongo que te pongas en la siguiente situación: Alguien viene a tu casa y te dice que no pasa nada por darle a tu hijo un veneno todos los días porque en cierto tanto por ciento es inocuo ¿Tú se lo darías? ¿Verdad que no? Entonces, ¿Por qué estamos permitiendo que esto suceda con toda impunidad y entregamos nuestra salud, la de nuestros hijos y la de nuestro planeta a un puñado de corporaciones químicas que están causando un ecocidio a escala mundial? Tenemos que exigir que se acabe con la impunidad. Tenemos que dejar de envenenar el planeta.
Yo soy Protectora de la Tierra y quiero que el Ecocidio se convierta en un delito perseguible por la Corte Penal Internacional. Quiero que los responsables de la destrucción de ecosistemas y los que causan graves daños al medio ambiente se sienten en el banquillo y así se acabe con la impunidad. Además quiero unirme a todos los que día a días están dejándose la piel defendiendo un río, una montaña, un valle o un mar. Si tú quieres lo mismo, únete al movimiento de los Protectores de la Tierra en su página web. Si quieres más información, también puedes ponerte en contacto conmigo.

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